Cuando la mente se siente abrumada, moverse puede ser la mejor medicina. No necesitas horas en el gimnasio ni rutinas complicadas. Basta con activar tu cuerpo para comenzar a liberar tensiones, despejar pensamientos y recuperar el equilibrio emocional. El ejercicio no solo fortalece músculos, también fortalece la mente.

Cada vez que caminas, corres, bailas o haces una rutina de estiramiento, tu cuerpo libera endorfinas, conocidas como las “hormonas de la felicidad”. Estas sustancias naturales ayudan a reducir el cortisol —la hormona del estrés— y generan una sensación de bienestar que perdura más allá del esfuerzo físico. Es como si el cuerpo supiera exactamente lo que necesitas para sentirte mejor.

¿Ansiedad? ¿Preocupaciones constantes? ¿Sensación de fatiga mental? El movimiento puede ser la respuesta. No se trata solo de ejercitarte para estar en forma, sino de darle a tu mente una salida, un respiro. Al concentrarte en tu respiración, en el ritmo de tus pasos o en el flujo de una rutina, tu atención se aleja de los pensamientos repetitivos y se ancla en el presente. Y eso, muchas veces, es justo lo que necesitas para empezar a sanar.

Comenzar es más fácil de lo que crees. Una caminata de 15 minutos, una clase corta de yoga, unos minutos de baile libre en casa, o incluso una rutina de estiramientos suaves, pueden marcar la diferencia. Lo importante es hacerlo con constancia, con intención y recordando que cada pequeño movimiento suma.

Regálale a tu cuerpo el regalo del movimiento. Y a tu mente, la oportunidad de sentirse libre, ligera y en paz.