Pasar horas frente a una pantalla puede parecer inevitable, pero quedarte quieto no tiene por qué ser parte del trato. El sedentarismo en el trabajo es uno de los grandes enemigos de tu salud: afecta tu postura, tu energía y hasta tu estado de ánimo. ¿La buena noticia? Con pequeños cambios, puedes mantener tu cuerpo activo sin salir de la oficina (ni perder productividad).

Moverte más durante el día es más fácil de lo que crees. Levantarte cada hora, estirarte, caminar un poco o incluso hacer pausas activas de 2 minutos puede hacer una gran diferencia. No necesitas un gimnasio, solo necesitas voluntad y constancia. Cada movimiento cuenta.
Haz que el cambio empiece con lo simple: sube las escaleras en lugar del elevador, camina mientras hablas por teléfono, utiliza un recordatorio para estirarte cada 60 minutos, o aprovecha los descansos para hacer una breve caminata. Incluso puedes transformar algunos momentos en oportunidades de movimiento: junta a tu equipo y hagan una pausa activa juntos. Es una forma de cuidarse y de generar conexión.

Moverte no solo te hará sentir más ágil, también mejora tu concentración, reduce el estrés y previene molestias físicas como el dolor de espalda o la tensión en cuello y hombros. Cuando te activas, tu mente se oxigena y tu día fluye mejor.
Tu cuerpo está hecho para moverse. No dejes que el trabajo te inmovilice. Haz del movimiento una parte natural de tu rutina laboral… y siente la diferencia.