El miedo al fracaso puede paralizarte. Te hace dudar, evitar riesgos, dejar ideas a medias. Pero detrás de ese miedo no hay debilidad, hay deseo: el deseo profundo de hacerlo bien, de no fallar, de no decepcionar. Y eso, en el fondo, significa que te importa.
Todos sentimos miedo alguna vez. Lo importante no es evitarlo, sino aprender a escucharlo y transformarlo. Porque el fracaso no define tu valor, es solo parte del camino. Cada error, cada tropiezo, cada intento fallido te acerca a la experiencia, a la sabiduría, a la versión de ti que crece y evoluciona.

¿Qué pasaría si en lugar de huir del miedo lo tomaras de la mano? Si lo usaras como impulso, como brújula que te muestra dónde está tu límite… y cómo puedes superarlo. El miedo bien gestionado no te detiene, te guía.
Empieza por reconocer tus pensamientos, hablarte con compasión y redefinir lo que significa fallar. No estás fracasando si estás aprendiendo. No estás perdiendo si estás creciendo. Atrévete a intentarlo, a equivocarte, a levantarte. Porque del otro lado del miedo, muchas veces, está justo eso que más anhelas.

Tu valor no se mide por tus logros, sino por tu capacidad de seguir adelante, incluso con miedo. Y eso ya es un acto de valentía.