A veces la vida se detiene en seco. Todo sigue su curso, pero tú sientes que no avanzas. Te levantas, haces lo que debes… pero dentro de ti algo no se mueve. Si últimamente te sientes estancado, sin energía o sin rumbo, no estás solo. Y lo más importante: no te vas a quedar ahí para siempre.

El estancamiento es una señal. Una pausa del alma que te pide escuchar, replantear, reconectar. No es fracaso, es un recordatorio de que necesitas volver a ti. Y aunque en el momento pueda doler o frustrar, también puede ser el inicio de algo nuevo.

Para recuperar la motivación, empieza con lo pequeño. No esperes a tener claridad total para actuar. A veces basta con hacer una cosa distinta hoy: dar un paseo, escribir lo que sientes, hablar con alguien que te inspire o retomar algo que te hacía bien. Cada pequeño paso te aleja del punto muerto.

Recuperar el propósito no significa tener todo resuelto. Significa volver a hacer las cosas con intención, recordar por qué empezaste, qué te mueve, qué te emociona. Pregúntate: ¿qué necesito hoy para sentirme más vivo? Escucha la respuesta, por más sencilla que sea.

Confía: el movimiento llega. La motivación regresa. Y tú tienes dentro la fuerza para volver a empezar, una y otra vez.